Yo era aún un cándido adolescente cuando me atreví con una novela de William Faulkner, El ruido y la furia. No recuerdo exactamente cuántas páginas leí pero puedo asegurar que fueron escasas. Desde entonces han pasado unas pocas décadas y algunos otros libros de autores diversos. Tenía una deuda, sí. Que al fin he saldado con Luz de agosto (Alfaguara, 2010) y puedo decir que en parte gracias a las nuevas tecnologías.
Me gusta la literatura, el cine, leer, escribir, contar lo que pasa a mi alrededor. Describir la realidad y la ficción, que se abrazan y se confunden en una misma historia
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miércoles, 2 de octubre de 2019
jueves, 16 de mayo de 2019
De "Playa del Gato" a la plaza de la Merced en el año 1970
El 3 de mayo de 2019 me engulló un cilindro de vistosos colores, cortado a lo largo por la mitad, y me trasladó a otra época, que no a otro sitio. Yo estaba allí para presentar mi micronovela Playa del Gato (Ediciones del Genal, 2017), junto a Jes Lavado como autora de San Miguel 2.0 y José Antonio Sau con La hora de Bud Spencer. Que son tres nuevos títulos de la Colección Manguta de Libros. Y lo hacíamos en el marco incomparable (con perdón) de la Feria del Libro de Málaga. O sea, en la plaza de la Merced. Que es uno de los Santos Lugares de mi infancia malagueña.
viernes, 14 de diciembre de 2018
Chupitos de ironía en cada línea
La uruguaya es una novela escrita y/o leída a ritmo de paso legionario
La autoficción es una plaga, cuando no un engaño. Vamos a ver, ¿qué obra literaria no es una ficción construida con jirones de la experiencia vital del autor? El simple hecho de escribirla, ¿no es ya un fragmento de su vida profundamente inserto en la obra? Así se lo decía yo a L. una mañana de sábado, con un libro entre las manos, el aroma del café caliente masajeando mi nariz y la boca medio llena. Estábamos en una cafetería luminosa con grandes ventanales, a través de ellos veíamos pasar a los transeúntes. Llevábamos tres días fuera de casa, cortando amarras con cuidado para poder volver a usarlas a la vuelta del puente. La autoficción, sí, vaya fastidio. Y yo miraba el libro, que había comprado a raíz de que, a causa de su muy bien lograda autoficción, el autor y su esposa habían tenido que organizar una barbacoa con sus amigos para desmentir que se hubieran separado. Porque escribes una novela y tus conocidos creen que todo te pasó a ti de verdad. Ni en las autobiografías ocurre eso.
miércoles, 17 de octubre de 2018
La ironía mató a Isaak Bábel
El autor soviético arroja a la cara en “Caballería roja”, con admirable concisión, la facilidad con que aflora la brutalidad en el ser humano
Fue pocas semanas antes de que cerraran nuestra cafetería de los desayunos del fin de semana. Creíamos que iba a durar para siempre. Nos cogió por sorpresa porque la relación era reciente. Poco más de dos años. Pero un sábado como otros pocos, con el periódico bajo el brazo, en vez de con el café nos encontramos con la persiana metálica echada, y un cartel que rezaba: Se traspasa. Yo le susurré a L.: “No puede ser… Aquí nada dura nada…”. Me miró asombrada: “Nos gustaba su tranquilidad, ¿qué esperabas?”. Pero pocas semanas antes, digo, aún podíamos unir dos mesas y desplegar el periódico sobre ellas, mancharlo de aceite e interrumpir continuamente la lectura del otro declamando párrafos subjetivamente interesantes. Una vez L. derramó el zumo de naranja sobre la sección de Internacional y nunca estuvo el mundo mejor vitaminado.
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